
ELLA NO SOY YO
ARAMINTA/HUERBER CRISPIN
El libro de Araminta Gálvez me devuelve cierta fe en una literatura que rompe muros, desbloquea cercos, avanza, con fuerza, sin temor, y sin escándalos. Desde mi perspectiva, hay escritores correctos y escritores a secas. A este último grupo pertenece Araminta.
Se desvía del camino autorizado. Toma su sendero. Hace literatura como siempre se ha hecho, para lo que sirve: para inventar mundos, infiernos, sensaciones ajenas y propias, situaciones imaginarias y conflictos emocionales del mundo, todo con la libertad del águila. O del halcón. O del río. No sé. No importa. Es la libertad de escribir.
Sus personajes, aparentemente inescrupulosos, a ratos sarcásticos e irónicos, forman un mundo imaginario impetuoso, poseedor de ideas renovadas; novedosas venganzas, sentimientos erógenos con hechos a veces violentos y otras veces cómicos; todo marca un pulso de escritora que narra con libertad, sin dogmas, sin ataduras.




